domingo, 9 de marzo de 2008

CONVULSIONES EN LOS NIÑOS

Las convulsiones son contracciones enérgicas e involuntarias de los músculos del cuerpo, ello se debe a descargas cerebrales originadas por una irritación de los centros nerviosos (cuya causa veras más adelante). Según el tipo que prevalezca, podemos observar contracturas de tipo "tónico", persistentes y con los músculos endurecidos por la contractura, y de tipo "clónico", que produce movimientos de flexión-extensión en los miembros. Por lo general suelen coincidir los dos tipos en una misma crisis. Ahora que sabemos qué son , vamos a ver qué zonas del cuepo afectan y porqué se producen. Las convulsiones pueden ser parciales, afectando solamente a un grupo muscular, o generalizadas (afectan a todos los músculos del organismo); también podemos ver convulsiones que se inicioan de forma parcial en algún músculo y rápidamente se extienden al resto del cuerpo. Todo depende de la extensión afectada en el cerebro por esa "irritación nerviosa". Al igual que la fiebre, no son una enfermedad por sí mismas, sino la expresión de un trastorno cerebral que hay que estudiar. Mención especial requieren dos patologías importantes por su frecuencia o su manifestación característica: Las CONVULSIONES FEBRILES y las AUSENCIAS. Estas primeras se producen en presencia de fiebre (siempre) en niños predispuestos y , por lo general, sin patología asociada. Desaparecen a los 5-6 años de edad sin secuelas (ver este enlace sobre el tema). Sin entrar en detalles, las ausencias son un tipo de epilepsia que se caracteriza por no presentar ningún movimiento muscular aparente ni caída al suelo; el niño presenta una desconexión súbita de la conciencia de corta duración con recuperación rápida y sin recuerdo de lo sucedido. Tras el ataque epiléptico, el niño no recuerada nada; suele presentar dolor de cabeza, dolor muscular y mucho sueño. Podemos encontrar una gran cantidad de procesos o enfermedades pueden acompañarse de convulsiones:
  • Meningitis Hipoglucemias
  • Intoxicaciones por alcohol, plomo...
  • Falta de oxígeno en el cerebro
  • Alergias a medicamentos
  • Traumatismos cerebrales
  • Aumento de la temperatura: Fiebre, insolación (convulsiones febriles)tumores cerebrales
La epilepsia es una enfermedad crónica, en la cual, la mayoría de las veces no se encuentra una causa que la origine; en otras ocasiones se encuentra un foco de descarga cerebral anormal. Todo ataque epiléptico debe estudiarse y toda convulsión (febril o no) debe ser consultada de inmediato. En las convulsiones febriles, por lo general, si estas son típicas y no repetidas, no es necesario el ingreso, pero será el médico de urgencias el que debe valorar estas características de la convulsión. El diagnótico se realizará con la historia clínica y con el Electroencefalograma, aunque en muchas ocasiones no encontraremos ninguna alteración en el mismo. También nos ayudarán otras técnicas como la T.A.C. (escaner) y una batería de pruebas analíticas. El tratamiento consistirá en medicamentos para evitar las crisis en el caso de que se confirme la epilepsia, y en evitar sustancias y situaciones excitantes (alcohol, café y otros excitantes, luces de discoteca y algunos videojuegos (luces intermitentes), estrés, privación de sueño, proceso infeccioso, abandono de la medicación). En el caso de las convulsiones febriles el tratamiento consistirá en evitar que suba la temperatura y mantenerla controlada por medios tanto farmacológicos como físicos (baño en agua tibia). Ante una convulsión, los padres deben permanecer calmados (dentro de lo posible) y observar. Se colocará el niño en una superficie protegida libre de obstáculos. No debe ser aguantado durante la convulsión. Para prevenir ahogos, el niño se debe poner de lado y ,si es posible, se debe sacar cuidadosamente cualquier objeto de la boca del niño. Los padres nunca deberán poner ningún objeto en la boca durante la crisis, ya que pueden romperse y obstruir la vía respiratoria. La convulsión por lo general se autolimita, pero si dura más de 10 minutos, el niño deberá ser llevado inmediatamente al servicio de urgencias más cercano para tratamiento. Ver RCP en niños.

FIEBRE: ¿CUANDO HAY QUE LLAMAR AL MEDICO?

¿Qué es la fiebre? La fiebre se produce cuando el "termostato" interno del cuerpo aumenta la temperatura corporal por encima de su nivel normal. Este termostato se encuentra en la parte del cerebro denominada hipotálamo. El hipotálamo sabe qué temperatura debe tener el cuerpo (normalmente alrededor de los 98,6 grados Fahrenheit o 37 grados centígrados) y envía mensajes al cuerpo para mantenerla así. La temperatura corporal de la mayoría de las personas varía inclusive un poco a lo largo del día: generalmente, es un poco más baja por la mañana y un poco más alta por la tarde y puede fluctuar cuando los niños corretean, juegan y hacen ejercicio. No obstante, a veces el hipotálamo "reajusta" el cuerpo y aumenta su temperatura como respuesta a una infección, enfermedad o algún otro motivo. Entonces, ¿por qué el hipotálamo ordena al cuerpo que varíe la temperatura? Los investigadores creen que el aumento de la temperatura es la forma que tiene el cuerpo de combatir los gérmenes que causan infecciones y de hacer que el cuerpo sea un lugar menos agradable para ellos. ¿Qué causa la fiebre? Es importante recordar que la fiebre en sí no es una enfermedad; la mayoría de las veces es síntoma de un problema subyacente. Las causas potenciales de la fiebre son: Infección: La mayoría de las fiebres se deben a una infección u otra enfermedad. Al estimular los mecanismos naturales de defensa, la fiebre ayuda al cuerpo a combatir las infecciones. Exceso de ropa: Los bebés, especialmente los recién nacidos, pueden tener fiebre si están demasiado abrigados o se encuentran en un ambiente caluroso puesto que no pueden regular su temperatura corporal. Inmunizaciones: Los bebés y los niños pueden presentar algo de fiebre tras la administración de una vacuna. Aunque la dentición puede provocar un leve aumento de la temperatura corporal, probablemente no sea la causa de que la temperatura de su hijo esté por encima de los 100 grados Fahrenheit (37,8 grados centígrados). ¿Cómo sé si la fiebre de mi hijo es síntoma de algo grave? Antes, los médicos aconsejaban tratar la fiebre en base a la temperatura. Pero ahora, recomiendan tener en cuenta tanto la temperatura como la condición general del niño. Los niños con una temperatura inferior a los 102 grados Fahrenheit (38,9 grados centígrados) no suelen necesitar medicamentos, a menos que se sientan incómodos. Esta regla tiene una importante excepción: si su bebé tiene 3 meses o menos y su temperatura rectal es de 100,4 grados Fahrenheit (38 grados centígrados) o superior, llame al pediatra o acuda a la sección de urgencias. Incluso un poco de fiebre puede ser síntoma de una posible infección grave en niños muy pequeños. En niños mayores, tenga en cuenta el comportamiento y nivel de actividad física. Al observar el comportamiento de su hijo, puede usted tener una idea de que se trata de una enfermedad menor o necesita acudir a un médico. Probablemente la enfermedad no sea grave si su hijo: sigue queriendo jugar come y bebe bien está alerta y sonríe tiene la piel de color normal tiene buen aspecto cuando le baja la temperatura Y no se preocupe demasiado por un niño con fiebre que no quiere comer. Eso es común en infecciones que producen fiebre. ¿Cómo sé si mi hijo tiene fiebre? Un beso suave en la frente o tocar levemente la piel de su hijo suele ser suficiente para saber si tiene fiebre. Sin embargo, este método para medir la temperatura (denominado temperatura táctil) depende de la persona que la toma y no ofrece un nivel exacto de la temperatura del niño. Con un termómetro fiable, puede saber si su hijo tiene fiebre cuando su temperatura esté en alguno de los siguientes niveles: 100,4 grados Fahrenheit (38 grados centígrados) medidos rectalmente (en el recto) 99,5 grados Fahrenheit (37,5 grados centígrados) medidos oralmente (en la boca) 99 grados Fahrenheit (37,2 grados centígrados) medidos en la axila (bajo el brazo) Pero la fiebre no dice si su hijo está muy enfermo. Un simple resfriado u otra infección viral producen a veces una fiebre bastante alta (entre los 102 y 104 grados Fahrenheit ó 38,9 a 40 grados centígrados), pero generalmente no es indicio de que el problema sea grave. Y las infecciones graves pueden no producir fiebre o incluso disminuir la temperatura corporal de modo anormal, sobre todo en niños pequeños. Puesto que la fiebre puede aumentar o disminuir, un niño con fiebre puede tener escalofríos cuando la temperatura corporal comienza a subir y el cuerpo intenta generar más calor. Puede que el niño sude cuando el cuerpo libera calor y la temperatura comienza a descender. A veces, los niños con fiebre pueden respirar más rápido de lo normal y tener un ritmo cardíaco más elevado. Debería llamar al pediatra si su hijo tiene dificultad en respirar, o respira mucho más rápido de lo normal, o sigue respirando rápido cuando le baja la fiebre. ¿Qué tipo de termómetro debería utilizar? Independientemente del tipo de termómetro que elija, asegúrese de saber usarlo correctamente para obtener una lectura precisa. Conserve y siga las recomendaciones del fabricante. Los termómetros digitales suelen ofrecer datos más rápidos y precisos. Vienen en muchos tamaños y formas y están disponibles en la mayoría de los supermercados y farmacias, a varios precios. Aunque debería leer las instrucciones del fabricante para determinar los métodos para los que está diseñado el termómetro, muchos termómetros digitales se usan para las siguientes modalidades de medición de temperatura: oral (en la boca) rectal (en el recto) Los termómetros digitales suelen tener una sonda flexible de plástico con un sensor de temperatura en un extremo y un indicador digital fácil de leer en el otro. Los termómetros electrónicos de oído miden la temperatura timpánica: la temperatura en el interior del conducto auditivo. Aunque son rápidos, precisos y fáciles de usar en niños mayores, los termómetros electrónicos de oído no son tan exactos como los digitales cuando se usan en niños muy pequeños, y son más caros. La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) no aconseja el uso de termómetros electrónicos de oído en bebés menores de 3 meses. Los termómetros de tira plástica (pequeñas tiras plásticas que se adhieren sobre la frente del niño) pueden decirle si su hijo tiene fiebre pero no son fiables a la hora de medir la temperatura exacta, sobre todo en bebés y niños. Si necesita saber la temperatura exacta de su hijo, los termómetros de tira plástica no son los adecuados. Los termómetros chupete pueden parecer apropiados pero tampoco son fiables y no deben utilizarse en bebés menores de 3 meses. También es necesario que el niño mantenga el chupete en la boca durante varios minutos sin moverse, algo casi imposible para la mayoría de los bebés y niños pequeños. Los termómetros de mercurio se usaban frecuentemente pero la AAP aconseja no utilizarlos por miedo a una posible exposición al mercurio, que es una toxina ambiental. (Si aún tiene un termómetro de mercurio, no lo tire a la basura porque el mercurio puede filtrarse. Pregunte al pediatra o al departamento de sanidad local cómo y dónde puede deshacerse de su termómetro de mercurio). axilar (bajo el brazo) ¿Cómo puedo hacer que mi hijo se sienta mejor? Una vez más, no es necesario tratar todos los tipos de fiebre. Y, en la mayoría de los casos, la fiebre solo debe ser tratada si causa malestar a su hijo. He aquí algunas cosas que puede hacer para aliviar los síntomas que suelen acompañar a la fiebre: Si su hijo está irritable o parece incómodo, puede darle acetaminofén (paracetamol) o ibuprofeno siguiendo las recomendaciones del envase según la edad o peso. Si no sabe cuál es la dosis recomendada o si su hijo es menor de 2 años, llame al pediatra para averiguar qué cantidad debe administrarle. Recuerde que los medicamentos para la fiebre bajarán temporalmente la temperatura pero no harán que vuelva a la normalidad; y no curarán la causa subyacente de la fiebre. (Nunca administre aspirina a un niño menor de 12 años porque está asociada al síndrome de Reye, una enfermedad poco común pero potencialmente mortal). Bañe a su hijo con una esponja para que se sienta más cómodo y ayudar a que le baje la fiebre. Utilice solo agua tibia; el agua fría puede causar escalofríos, lo que suele aumentar la temperatura corporal. Nunca utilice alcohol (puede producir intoxicación cuando la piel lo absorbe) o bolsas de hielo/baños fríos (pueden causar escalofríos, que aumentan la temperatura corporal). Vista a su hijo con ropa ligera y cúbralo con una sábana o cobija fina. El exceso de ropa y abrigo puede evitar que el calor corporal se libere y provocar un aumento de temperatura. Asegúrese de que la temperatura de la habitación de su hijo sea placentera: ni muy caliente ni muy fría. Dé a su hijo mucho líquido para evitar deshidratación; la fiebre provoca una rápida pérdida de líquidos. El agua, la sopa, las paletas y la gelatina de sabores son buenas elecciones. Evite las bebidas con cafeína, incluidos los refrescos y el té, porque pueden aumentar produccion de orina. Si su hijo también tiene vómitos y/o diarrea, pregunte al pediatra si debe darle alguna solución hidratante especial para niños. Puede encontrar esta solución en farmacias y supermercados. No le dé bebidas energéticas; no están ideadas para niños pequeños y los azúcares añadidos pueden empeorar la diarrea. Asimismo, limite el consumo de frutas y jugos de manzana. En general, deje que su hijo coma lo que quiera (en cantidades razonables) pero no le obligue a comer si no apetece. Asegúrese de que su hijo descanse mucho. No es necesario que pase todo el día en la cama, pero un niño enfermo debería permanecer en calma. Es mejor que el niño no vaya a la escuela o a la guardería si tiene fiebre. La mayoría de los médicos creen que se puede volver a la escuela cuando la temperatura haya sido normal durante 24 horas. ¿Cuándo debería llamar al pediatra? La temperatura exacta que debería dar lugar a una llamada al médico depende de la edad del niño, la enfermedad y si el niño presenta otros síntomas además de la fiebre. Llame al pediatra si tiene: un bebé menor de 3 meses con una temperatura de 100,4 grados Fahrenheit (38 grados centígrados) un niño mayor de 3 meses con una temperatura superior a los 104 grados Fahrenheit (40 grados centígrados) Si un niño mayor a 3 meses tiene una fiebre inferior a los 104 grados Fahrenheit, llame al médico si el niño también: rechaza los líquidos o parece demasiado enfermo como para beber tiene diarrea persistente o vómitos continuos presenta síntomas de deshidratación presenta una dolencia específica (p. ej., dolor de garganta o de oído) lleva más de 24 horas con fiebre si es un niño menor de 2 años; o 72 horas, si es mayor tiene fiebre recurrente, aunque solo dure varias horas todas las noches. Acuda a urgencias si su hijo presenta cualesquiera de los siguientes síntomas además de fiebre:
  • llanto inconsolable durante varias horas
  • irritabilidad extrema
  • aletargamiento o dificultad para estar despierto
  • sarpullido o manchas moradas que parecen pequeños moretones en la piel (que no estaban antes de que su hijo se enfermase)
  • labios, lengua y uñas azuladas
  • zona blanda en la cabeza que parece una protuberancia
  • rigidez en el cuello
  • fuerte dolor de cabeza
  • flacidez y negativa a moverse
  • dificultad para respirar que no desaparece cuando se le despeja la nariz
  • inclinación hacia delante y babeo o balanceo

Asimismo, pregunte al pediatra cuáles son sus pautas en cuanto a llamadas en caso de fiebre.

sábado, 23 de febrero de 2008

CONTROL DE ESFÍNTERES A PARTIR DE LOS 4 AÑOS

Si su hijo se sigue haciendo caca o pipí encima después de los cuatro años (salvo algún accidente muy de tarde en tarde con el pipí), consulte al pediatra. Cuando hay problemas, con frecuencia son de origen psicológico (a veces debido precisamente a intentos de «enseñarles» a usar el orinal por las malas y otras veces, manifestación de otros conflictos o de celos). En algunos casos, la defecación involuntaria (encopresis) es consecuencia del estreñimiento: se forma una bola que irrita la mucosa rectal y produce una falsa diarrea. El niño no lo hace a propósito, y las burlas y castigos no harán más que empeorar el problema. Pero las noches son muy distintas.Aunque muchos niños pueden dormir secos a los tres años, otros muchos se hacen pipí en la cama (enuresis nocturna) hasta la adolescencia o incluso toda la vida. Durante la Primera Guerra Mundial, el 1 por ciento de los reclutas norteamericanos fue declarado no apto para el servicio por enuresis. La enuresis nocturna casi nunca tiene causa orgánica o psicológica, sino que depende de la maduración neurológica y de las características genéticas (va por familias). Algunos niños consiguen no hacerse pipí en un día especial (por ejemplo, en casa de un amigo), a costa de pasar la noche prácticamente en vela. Por supuesto, no pueden hacerlo muchos días seguidos. Por desgracia, algunos padres no comprenden el enorme esfuerzo que han hecho y se lo echan en cara («en casa de Pablo bien que espabilaste, pero aquí no te preocupas, claro, como estoy yo para lavar sábanas»). Este tipo de comentarios, además de cruel, es falso.

CUANDO QUITAR EL PAÑAL (CONTROL DE ESFÍNTERES)

Los profesionales estiman que el periodo perfecto para enseñar a un niño a dejar de utilizar el pañal es entre los 18 y los 36 meses.
El llevar acabo esta tarea antes de este tiempo aparte de ser un fracaso puede ser hasta perjudicial para el niño, ya que el niño no está maduro para controlar y entender su cuerpo.
Si se retrasa la retirada el paña despues de los tres años el niño se habrá echo comodón, y te constará mucho hacerle entender que lo que antes estaba permitido ahora ya no lo está.
PAUTAS QUE INDICAN SI EL NIÑO LLEGÓ A UN NIVEL DE MADUREZ PARA QUITARLE EL PAÑAL:
1. Le quitas el pañal y está seco tras tres horas de llevarlo puesto.
2. Le desagrada y molesta llevar el pañal mojado e incluso te pide que se lo cambies.
3. Se toca o se aparta a un lugar solitario cuando se nota que se esta haciendo pipi o caca, ( es consciente del acto)
4. Te pide que le cambies el pañal y te muestra sus molestias de llevarlo puesto.
5. Te informa que ha echo pipi o caca antes o después de hacerselo.
En ese instante tu hijo ya está preparado para dejar el pañal.
Si te dedides quitale el pañal debe ser de una para siempre," NO VALE "hoy se lo quito y mañana tengo un compromiso o tengo que ir a comprar y se lo pongo para que no haya incidencias.
Cuando a un niño se le quita el pañal hay que hacerle consciente de que no lo lleva, si tu se lo pones para un rato y luego se lo quites, el niño no capta bién el mensaje que le estas dando, lo confundirás y el niño no sabra cuando puede y no hacerse pipi encima.
Cuando el niño se hace pipi encima no hay que regañarle, si utilizas las reprimendas sobre él no solo no conseguirás tus objetivos sino que el niño retrasaria su aprendizaje.
Se recomienda que primero se le quite el pañal al niño por el dia y cuando lo haya superado se le retire también por la noche, no podemos pedirle tantas cosas al niño de golpe, vallamos paso a paso, sin prisas.
Cuando a un niño se le está educado a ser conscientes de como retener el pipi durante el dia, por la noche él mismo se irá aguantando y se irá levantanado cada dia con el pañal mas seco.
Hay niños que les da miedo el inodoro , se recomienda comprarles un orinal divertido y que él lo eliga, y hablar con él y explicarle para que se utiliza.
Animarle a sentarse y que haga pipi, si lo hace "felicitarle "y ponerle muy contento, de esta manera lo motivarás y querra volver a hacer pipi o caca para que le premies con esa felicitación, si no hiciera no pasa nada, volveremos a probar mas tarde, tarde o temprano lo conseguirá.
Recomiendo que se les ponga en el wc u orinal antes de las comidas, antes de las salidas y antes de dormir.
Haz este proceso cada media o una hora depende cada niño, es mejor educar a tu hijo a controlar durante el dia y esperar algún tiempo a que lo haga por la noche.
Cuando veas que tu hijo lleva unos 15 dias sin hacerse pipi encima por el día puedes plantearte el quitarle el pañal por la noche. Para empezar, quítaselo sólo en las siestas. Si el niño lleva unos dias levantádose seco, prueba a quitárslo ya toda la noche.
Ponle a hacer pipi justo antes de irte tu a dormir.
Venden " protectores de colchón" o bien "salva -camas" en las farmácias, que los utilizan en los hospitales. Te ahorraras mucho trabajo, le colocas uno entre el colchón y la sábana bajera.
Si tu hijo se hace pipi por la noche, sólo tendrás que cambiarle el pijama y la sabana, o bien si lo pones encima de la sabana y debajo del niño, ni las sabanas tendrás que cambiar.
En el tema de la noche, no hace falta ser tan estricto como por el día. Si ves que a tu hijo le resulta imposible no hacerse pipi en la cama, no dudes en volver a ponerle el pañal por la noche sin recriminarle y enténtarlo otra vez pasados unos días.
Dos consejos: si puedes, es mejor esperar a que haga buen tiempo, ten claro que tu hijo alguna vez se hará pis o caca en la calle y se hace frío lo pasará mal. y también dure el proceso ( incluso bastante tiempo después).
Lleva siempre muda de recambio contigo.

COMO ESTIMULAR AL NIÑO A DIBUJAR

Debe ser expresado con libertad y no como una obligación: Es importante respetar la espontaneidad y la naturalidad de los niños. En estas primeras etapas de los dibujos es aconsejable que no les corrija ni les imponga reglas ni técnicas de dibujo. Puede haber oferta variada de material. Además del lápiz, el niño puede dibujar y pintar con lápiz de cera, con rotuladores, e incluso con pintura de dedo. El dibujo infantil debe ser expresado con libertad y no como obligación. No frenes la creatividad de tu hijo. La censura solo limitará su creatividad en esta etapa.Casi todas las ideas de los niños pueden expresarse en sus dibujos. Las actividades gráficas y plásticas representan un auténtico lenguaje para los niños. Les enseñarán a desarrollar sus habilidades motrices, les darán más libertad de expresión, y enriquecerán su mundo. El contacto con distintos materiales estimulará sus ideas y su expresividad.
El material y la técnica:Cuando existe un interés especial del niño por el dibujo se puede orientarle acerca de algunas técnicas, ofreciéndole diferentes materiales para que los pruebe. La técnica, en lo que se refiere al dominio instrumental, no necesita ser enseñada. Se adquiere con la práctica y experiencia. Al niño que le gusta mucho dibujar, cada vez se sentirá atraído por otros materiales, y así se irá creciendo en este mundo tan mágico que es el dibujo. Conozca algunos materiales:
Lápiz de cera por su cómodo manejo, es el lápiz ideal para los primeros garabatos de los niños. Se puede encontrar lápiz de cera de distintas formas. Con puntas finas o redondeadas, y de todos los colores.
Tizas es un material suave, ligero y se rompe con facilidad. Por lo tanto, exige algo de habilidad en los niños para su utilización. Normalmente a partir de los dos años es interesante que ofrezcas algunas tizas y una pizarra al niño. Le ayudará a controlar la intensidad de su trazo.
Rotuladores son distintos colores y grosores. Son ideales para los trazos y contornos, y se los puede utilizar en todo tipo de papel. Permite controlar la presión muscular, desarrollar la coordinación y ejercitar el sentido de responsabilidad. Es difícil de borrar y por eso, exige más responsabilidad.
Témpera. Con pincel o a dedo, resulta ser muy divertida su utilización por los niños. Les permiten crear nuevos efectos, descubrir las mezclas de colores, adquirir nuevos movimientos de coordinación, ejercer distintas presiones del trazo, etc. Al pintar con la mano, el niño estará creando una interacción física y directa con el material. Disfrutará de sentidos como el tacto y el olor. Y favorecerá a su sentido de exploración.
El papel es tan importante como los lápices. Su formato, tamaño, bien como su color, irán a determinar los límites de los niños cuanto al dibujo. La textura determinará el tipo de lápiz que el niño va a utilizar. En todo caso, los niños siempre reaccionarán de distintas maneras dependiendo del tipo de material que utilicen.
Cómo estimular al niño a dibujar:
Cuando se estimula el niño a que dibuje le estará ayudando a que desarrolle su percepción, su emoción, e inteligencia. El niño contará con más medios para expresarse y adquirirá más práctica y experiencias. La potencialidad creativa que tiene un niño es enorme pero no siempre se reconoce eso ni se le ofrece la oportunidad de ponerlas en práctica.Una buena forma para estimular a tu hijo a que dibuje es creando un espacio, un rincón para colgar sus dibujos. Invítale a crear un espacio para una exposición de sus preferidos dibujos. Así que cuando vengan los amigos y familiares, podrán "visitar" a la exposición. El rincón puede ser en un cuadro de corcho, en la puerta del armario de la habitación, en el marco de atrás de la puerta de entrada de la casa, o en cualquier otro sitio.

COMO INTERPRETAR LOS DIBUJOS DEL LOS NIÑOS

El dibujo puede ser, en la infancia, un canal de comunicación entre el niño y su mundo exterior. Según los psicólogos de la Unidad de Desarrollo psicológico y Educativo de San Salvador, por ética, solo una persona especializada, como algunos psicólogos, puede interpretar los dibujos, siguiendo protocolos establecidos para ese fin. El especialista debe tener en cuenta la condición biográfica y familiar de la persona que dibujó, bien como su historia personal, que servirá de marco de referencia desde el cual está haciendo el dibujo. Aparte de eso es necesario tener en cuenta que un dibujo es importante pero no define todo. Es una expresión de sentimientos y de deseos que pueden ayudar a saber, por ejemplo, como se siente el niño respecto a su familia, a su escuela, etc. A través de los dibujos de los niños se puede observar detalles que a una persona mayor le puede pasar inadvertidos. El dibujo puede ser, en la infancia, un canal de comunicación entre el niño y su mundo exterior. La primera puerta que el niño abre a su interior.
PAUTA DE INTERPRETACION DEL DIBUJO DEL NIÑO:
Existen algunas pistas que pueden orientar a los padres acerca de lo que dice el dibujo de su hijo. Sin embargo, son pautas puramente orientativas. Según la especialista canadiense Nicole Bédard, el dibujo dice muchas cosas. Ejemplo:
POSICION DEL DIBUJO:Todo lo que dibuja el niño en la parte superior del papel está relacionado con la cabeza, el intelecto, la imaginación, la curiosidad y el deseo de descubrir cosas nuevas. La parte inferior del papel nos informa sobre las necesidades físicas y materiales que pueda tener el niño. El lado izquierdo indica pensamientos que giran en torno al pasado, mientras el lado derecho al futuro. Si el dibujo se sitúa en el centro del papel representa el momento actual.
Dimensiones del dibujo: Los dibujos con formas grandes muestran cierta seguridad, mientras los de formas pequeñas suelen estar hechos por niños que normalmente necesitan de poco espacio para expresarse. Pueden también mostrar a un niño reflexivo, o con falta de confianza.
Trazos del dibujo: Los continuos, sin interrupciones, suelen denotar un espíritu dócil, mientras el borrado o cortado puede revelar a un niño algo inseguro e impulsivo.
La presión del manejo: Una buena presión indica entusiasmo y voluntad. Cuanto más fuerte sea, más agresividad existirá, mientras cuanto más superficiales demuestra falta de voluntad o fatiga física.
Los colores del dibujo: El rojo representa la vida, el ardor, el activo; el amarillo, curiosidad y alegría de vivir; el naranja, necesidad de contacto social y público e impaciencia; el azul, la paz y la tranquilidad; el verde, cierta madurez, sensibilidad e intuición; el negro representa el inconsciente; el marrón, la seguridad y planificación. Es necesario añadir que el dibujo de un solo color puede denotar pereza o falta de motivación. Esas pautas son apenas una pincelada dentro del gran mundo que es el dibujo infantil. No debemos generalizarlas. Cada niño es un mundo, así como las reglas de interpretación del dibujo infantil. Si algo te preocupa en tu hijo, coméntalo al pediatra y, si es necesario, busca a un especialista

viernes, 22 de febrero de 2008

¿PARA QUÉ JUGAR?

El juego es una necesidad.
Jugar es necesario, tanto para el niño como para el adulto, aunque para cada uno tiene un significado diferente.
En el adulto el juego implica distracción, entretenimiento, descanso, alivio y distensión; un tomar distancia de sus preocupaciones y ocupaciones; un "perder el tiempo" de sus obligaciones de adulto para "ganarlo" en placer en tanto que es persona.
Para el niño, en cambio, el juego es una función básica, un comportamiento totalizador que compromete sus percepciones, su sensitividad, su motricidad, su inteligencia, su afectividad y su comunicación; no es un simple pasatiempo ni una distracción pasajera; mucho menos aún, una "pérdida de tiempo porque sí"...como muchas veces creen y manifiestan los padres.
Al niño le hace falta jugar, solo o con otros, con o sin juguetes... pero JUGAR.
Para él, el juego tiene una doble función: por un lado de aprendizaje y, por otro, terapéutica. Mediante el juego el niño aprende a conocer el mundo de los objetos, a sí mismo y a los demás.
Al principio es individualista y, más tarde, se transforma en aprendizaje de la convivencia y la sociabilidad, preparándolo para la vida en comunidad.
A través del juego el niño se pone a prueba a sí mismo, a sus facultades y capacidades en desarrollo, ejercitándose permanentemente en el riesgo implícito de nuevas experiencias. Es en el juego donde el niño se siente omnipotente, ya que por medio de él puede conquistar su autonomía, construyendo un mundo del que es el soberano.
Por medio del juego el niño expresa sus necesidades y deseos; revela quejas, temores y estados de ánimo que no puede comunicar a los demás directamente; descarga ansiedades y tensiones que no le resultan posibles de exteriorizar de otro modo; maneja y controla situaciones negativas y dolorosas que ha sufrido en silencio y sin poder defenderse, transformándose en sujeto activo de hechos que ha vivido pasivamente; metaboliza acontecimientos cotidianos difíciles de aceptar y asimilar; y elabora situaciones y experiencias traumáticas.
El niño necesita jugar para aprender. Pero así como aprende jugando, también tiene que aprender a jugar... Y es el adulto quien debe hacérselo posible. Si bien existen juguetes específicos para las distintas edades, el niño puede jugar con cualquiera de ellos o con cualquier objeto que tenga a su alcance, claro está, siempre que no signifiquen un peligro para él. Lo que importa aquí es que el adulto no "dirija" su juego, "obligándolo" a jugar de tal o cual modo, según "corresponda" por lo que tenga en las manos.
Si el adulto a cargo va a condicionar el juego del niño, por ejemplo, al cuidado del juguete que le entrega para usar (por ser delicado, rompible, valioso, costoso, etc.), es preferible que le dé otra cosa para jugar. El niño (sobre todo el pequeño) necesita tocar y manipular los objetos para descubrir por sí mismo cómo son, qué puede hacer con ellos y para qué pueden servirle.
Si el adulto que está con él, por ejemplo, le muestra y mueve graciosamente algo ante sus ojos, lo primero que el niño va a hacer es estirar su mano y pretender tomarlo.
Suele suceder que ese objeto mostrado era sólo "para ser mirado" y el adulto se lo niega con un "no" rotundo pero, al mismo tiempo, sonríe ampliamente y le dice -"mirá...mirá"- , "enseñándole" de este modo un comportamiento contradictorio mientras le impide su propia experiencia de aprendizaje.
Entregar el juguete adecuado para que el niño lo utilice de acuerdo a sus necesidades y sin exigirle limitaciones erróneas es responsabilidad exclusiva del adulto.
No es lo mismo reprender a un niño de 2 años porque rompió una pista de autos a control remoto, que a uno de 12 porque destrozó un autito de colección. No tiene igual significado el hecho de que a los 2 años un niño demuela de un manotazo la torre de cubos que acaba de construir, que que a los 12 destruya a patadas lo que termina de armar.
Es importante considerar el error que muchas veces cometen los padres cuando "fuerzan" al hijo a compartir juegos y juguetes en un tiempo en el que aún no está preparado para el juego solo.
Antes de los 3 años el niño disfruta jugando solo, o en compañía de alguien, pero sin compartir, y es preciso que no se lo "obligue" a hacerlo. Imprescindible resulta también el hecho de que el niño, desde muy pequeño, aprenda tanto a ganar como a perder en el juego, preparándose para trasladar y aplicar este aprendizaje a la vida cotidiana. Es muy común que el adulto, amparado en expresiones tales como -"pobrecito, es tan chiquito...¿cómo lo voy a hacer perder?..."- engañe al niño haciéndole creer que es capaz y puede ganar siempre, alimentándole de ese modo una falsa omnipotencia que finalmente le traerá incalculables trastornos en su vida individual y social cada vez que le toque perder, realmente.
No caben dudas de que el juego es una actividad básica y primordial para el desarrollo del niño; por tanto, las actitudes y comportamientos de los padres y demás familiares ante el juego, los juguetes y el jugar del niño imprimirán huellas imborrables en su personalidad en formación. Por esto, en todo momento y ante cualquier circunstancia, es NECESARIO recordar y tener presente que la salud física, mental y emocional de todo niño depende del marco dentro del cual los padres le permitan crecer. Ma. Alejandra Canavesio.Psicopedagoga