martes, 24 de febrero de 2009

PSICOMOTRICDAD FINA EN PREESCOLAR

psicomotricidad fina en preescolar
La conciencia del cuerpo, el conocimiento del espacio, la función tónica, la coordinación gruesa y fina, el equilibrio y la locomoción no son funciones aisladas y fragmentadas, sino que representan posibilidades de acción para el niño y medios para conocer el mundo y relacionarse con los demás. Gracias a la acción de su cuerpo, el pequeño se acerca a su realidad y mediante la acción psicomotora fina es capaz de representar esa realidad en un dibujo. El dibujo es, pues, la representación gráfica de una imagen mental. Primero, el niño dibuja garabatos con significación sólo para él; se trata de garabatos primitivos, dispersos, yuxtapuestos, y al final copia lo que sabe y ve de la realidad.
Un propósito educativo de preescolar es ir más allá de la simple utilización del juego, por eso debemos propiciar que el niño exprese de diferentes formas sus ideas para realizar actividades que sean de su agrado. Una de esas formas de expresión es la representación gráfica, que se caracteriza por el uso de diversos materiales o instrumentos y técnicas como el dibujo, la pintura, etc. Por medio de la representación gráfica, los pequeños reflejan su creatividad al plasmar situaciones de su vida o de su imaginación. Para realizar actividades gráficas los alumnos utilizan instrumentos de trabajo como lápiz, pincel, plumón, tijeras para recortar, etcétera.
Con las actividades psicomotrices el niño construye nociones espaciales, temporales y de integración del esquema corporal; a través de su cuerpo se relaciona con los objetos y con las personas, y esto ayuda en la adquisición de aprendizaje y desarrolla sus capacidades y destrezas. Para remediar los trastornos del comportamiento debidos a problemas psicomotores se han propuesto gran cantidad de programas de reeducación que disminuyen la distancia que existe entre el desarrollo psicomotor y el intelectual.
Mediante las conductas perceptivo-motrices el niño logra: • Organización espacial, del esquema corporal y su orientación, y la representación y expresión gráficas. • Ritmo y actividad motriz. • Percepción de los sentidos: color, forma, texturas, sonidos... • Organización y estructuras del tiempo. • Coordinación visomanual. Representación gráfica
Para Vygotsky, la psicomotricidad es importante porque constituye el antecedente inmediato de la lengua escrita. Establece varios conceptos que se relacionan con el movimiento y la coordinación, ya que lo primordial es que el niño vaya adquiriendo el dominio de su cuerpo para que llegue a tener confianza y seguridad en sus movimientos. Las actividades psicomotoras son un valioso auxiliar en el desarrollo del grafismo, pues permiten que el alumno vaya teniendo dominio del trazo, direccionalidad, posición en el espacio y carácter rítmico. El trazo gráfico es resultado natural de una educación psicomotriz adecuada, pues para que el pequeño logre el movimiento al dibujar o al escribir, es necesario que vaya desde un control motor grueso hasta finos movimientos óculo-manuales; esto se logra después de actividades en las que, a través del movimiento, se va organizando mentalmente el mundo exterior del niño. El grafismo infantil tiene una máxima evolución que va de los 3 a los 6 años, aproximadamente:
1. En un principio son trazos libres, garabatos y componentes de sus dibujos, que conducen al niño a adquirir el control del gesto.
2. En un segundo paso, los alumnos dibujan, con los trazos que van dominando, aquello que tienen en su mente y quieren representar.
3. Es frecuente la realización de trazos técnicamente perfectos, cuando representan algo que les interesa, como líneas paralelas de un tren, etcétera.
4. Los instrumentos que utilizan (lápiz, tijeras, plumones, agujas, puntillas, etc.) enriquecen el trazo y la precisión, porque cada uno de ellos tiene una dificultad determinada que ayuda a mejorar la coordinación visomanual.
Del dibujo a la escritura Escribir no es solamente dibujar letras, sino que se trata de un proceso cognitivo de comprensión de significados, proceso que requiere tiempo y espacio para permitir y favorecer que el niño formule hipótesis, las ensaye, las pruebe y las rechace, a lo largo de las distintas etapas que pasa para ir construyendo diversas conceptualizaciones de lo que es escribir. Seguir el proceso natural del pequeño es dejar que trabaje con sus hipótesis y con el significado de lo que está escrito; esto lo logra mediante la confrontación de sus producciones primitivas con la estabilidad de los textos convencionales, como lo escrito en un cuento, una fábula, una adivinanza, una canción, etcétera.
Más tarde, van dibujando líneas cruzadas, en zigzag, curvas y trazos circulares que para el alumno significan la realización de un dibujo o la escritura primitiva de una palabra. A los 3 años comienza a atribuir nombres a las formas que reproduce; sin embargo, estos dibujos no se asemejan todavía a los objetivos que representan, pues su trazo es débil e imperfecto y su coordinación fina, muy mala. A esta edad es cuando aparecen sus dibujos en forma de renacuajo y se da el conflicto entre el conocimiento que el niño tiene de los detalles en su dibujo y la poca habilidad que demuestra para dibujarlos. El dibujo y la escritura comienzan a separarse; como imitación al adulto, el niño descubre poco a poco que es lo mismo dibujar que escribir; en el dibujo se trata de copiar los objetos de la realidad y la escritura es la representación de las palabras que decimos al hablar. Alrededor de los 4 años, la escritura aparece; al principio como unas marcas que complementan un dibujo. Hay una tendencia en los pequeños a realizar trazos sueltos o símbolos separados y tratan de seguir una cierta dirección, puede ser horizontal o hacia abajo.
Con el tiempo, los niños van perfeccionando sus coordinaciones finas y sus marcas se van pareciendo cada vez más a las letras convencionales que usan los adultos. H. Wallon (1978) expresa su convicción de que, al igual que el discurso, el lenguaje escrito se desarrolla en el contexto de su utilización, ya que el movimiento dinámico favorece la coordinación fina para la escritura. Esto, afirma, es el punto de partida de esta noción fundamental de unidad funcional, donde psiquismo y motricidad no constituyen dos dominios distintos o yuxtapuestos, sino más bien representan la expresión de las relaciones reales del ser y del medio. Wallon destaca la importancia de los movimientos en la psicología del niño, ya que prefigura las diferentes direcciones que podrá tomar la actividad psíquica y el desplazamiento en el espacio, a saber, tres formas básicas, cada una con importancia en la evolución psicológica del niño:
1. Puede ser pasivo o exógeno: son los reflejos de equilibrio, las reacciones a la gravedad. 2. Los desplazamientos corporales activos o autógenos, en relación con el medio exterior, la locomoción y la aprehensión. 3. La tercera se refiere a las reacciones posturales que se manifiestan en este lenguaje corporal, como los gestos, las actitudes y las mímicas.
Podríamos decir que la psicomotricidad es un lenguaje, pues es el primer modo de comunicación con los demás. J. de Ajuriaguerra menciona que el lenguaje tónico gestual está asociado al desarrollo del lenguaje oral, pues el círculo sensitivo-senso-motor –cuyo punto de referencia es el cuerpo– no implica solamente actividades motoras, sino que sirve de un modo de relación con el otro. “Aprehensión del espacio, conciencia del cuerpo, no son funciones aisladas, abstractas y yuxtapuestas, sino que una y otra están abiertas, representan posibilidades de acción para nosotros mismos y son medios de conocimiento del mundo.” Escribir, finalmente, no es copiar ni reproducir modelos de letras tal como se ven, sino que es producir mensajes con significado; escribir es un acto creativo en el que participan múltiples conocimientos lingüísticos.
Sin embargo, la escritura no es un producto escolar, sino un objeto cultural que consiste en interpretar y producir información a partir de signos gráficos con un desarrollo lineal en el tiempo y en el espacio. En el jardín de niños hay que dar al alumno las oportunidades de expresar lo que piensa a través de diversas realizaciones gráficas de dibujo y de escritura para que sienta el placer de comunicarse y expresar, y vaya mejorando el dominio del trazo, pues mientras más precisos sean sus dibujos y sus grafías, mejor representará esa realidad que lo rodea.
La escritura es un sistema de representación de la realidad a través de trazos, hasta que el niño relaciona el sonido con la grafía, y en la medida en que escribe, lee. El dibujo aparece espontáneamente, su desarrollo está basado en la interpretación que el pequeño da a sus propios garabatos y aparece como una imitación de las actividades del adulto por parte de los niños, ya que es el dibujo el inicio de la escritura. Algunos autores han mencionado que el dibujo y la escritura nacen de fuentes diferentes y otros ven en los garabatos al dibujo como una derivación particular. Piaget (1951) llamó “garabatos puros” a los movimientos y marcas que hacen los niños entre un año y medio y dos años, cuando todavía no están influidos por el resultado visual, es decir, a esta edad los pequeños no hacen dibujos, solamente tratan de imitar a los adultos haciendo marcas sobre las superficies planas con un lápiz, un dedo o un palo.